Yo Aquí No Entro

(Lo que me contó el propietario de una agencia de quiniela)

Esto que voy a contar es la reproducción fiel del relato que me hizo el propietario de una importante agencia de quiniela del microcentro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires:
“Hace pocos años acababa de concretar un negocio que me había dejado buena ganancia, y tenía unos pesos que quería invertir en algo que me diera buena rentabilidad. Me enteré que esta agencia se vendía, y – habiendo consultado con gente que me asesorara al respecto – entusiasmado, la compré.
“Mi mujer no sabía nada al respecto, ya que la mayoría de las veces ella no interfiere en mis negocios; sólo cuando tengo algo de lo que estoy orgulloso, se lo cuento, pero siempre luego de ‘producido el hecho’. Así que decidí darle una sorpresa, mostrándole mi nueva adquisición. Caminamos unas cuadras por el centro, y al llegar a la puerta de esta agencia, le dije: ‘Mirá lo que he comprado’.
“Ella dio un rápido vistazo al interior; un local antiguo, un ambiente casi bancario. Los empleados en las ventanillas atendiendo a los apostadores. ‘Yo aquí no entro – me dijo – no hay una sola mujer’. Allí entonces comprendí el mensaje. Una mujer no se siente atraída por un local donde atienden sólo varones , lo que lo hace poco atractivo, “excesivamente masculino”. De paso me fijé que el público en ese momento estaba compuesto exclusivamente por hombres. En mi fuero interno lo atribuí en un primer momento a la hora – comienzo del horario bancario, y plena actividad comercial – pero luego pensé en la cantidad de mujeres que van y vienen por estas calles del microcentro, llevando a cabo distintas actividades comerciales y profesionales, y que quizás en ese momento pasaban de largo delante de la agencia por no sentirse motivadas por la ‘complicidad’ que sugiere la presencia de una mujer en las ventanillas. Pensé en las distintas agencias, no sólo de loterías y quinielas, sino de venta de automóviles, en las sastrerías, en las peluquerías, y en la cantidad de actividades que hoy en día realiza la mujer, que de por sí motiva no sólo al hombre sino también a las de su mismo sexo por la amabilidad de su trato, por su sonrisa, por su implícita complicidad con el comprador.
“En consecuencia, como Vd. ve, no solamente incorporé mujeres, sino que le he dado un toque más alegre al local, cambiando el color de la pintura, e incluso he incorporado un pequeño kiosco de golosinas a la entrada. Desde entonces puedo decir que me va muy bien. Entiendo que con las modificaciones sugeridas por mi esposa el negocio ha ganado enormemente en lo que hace a la aceptación del público; la gente se acostumbra a concurrir si el ambiente es agradable y se la trata bien. Se “hace amiga”, y hasta recomienda el lugar. “Yo vengo siempre acá. Verás que bien te tratan”.
Este es el relato que me hizo el dueño de la agencia. Y me di cuenta de que tenía razón. Mucha razón. Normalmente cuando acudimos a un local de ventas de cualquier especialidad, tienda, venta de electrodomésticos, bazar, librería, o galería de arte, nos sentimos de entrada un poco molestos cuando acude un vendedor a “brindarnos asesoramiento” sobre lo que pensamos adquirir, sensación que disminuye mucho o directamente desaparece cuando nos atiende una mujer, sobre todo si conoce bien su profesión. Vender no es fácil. Hay que saber hacerlo. En el caso las agencias de quiniela no es precisamente una venta, sino una apuesta, pero el cliente apuesta mucho más a gusto si es bien atendido.