URGENTE, UNA LETRA DE TANGO

        El hombre entró algo desesperado al “Café y Bar Los Amigos”. Estaba con muy poca plata, y tenia en muy poco tiempo que escribir una letra de tango, que era lo único que lo podía salvar Le habían ofrecido buena plata si para las seis de la tarde tenía una letra para un tango que un conocido había compuesto, y cuyo nombre era “Canallada del Destino”. Es claro. Un tango no podía tener otra letra ya que normalmente este tipo de poesía tocaba siempre los mismos temas: La mujer infiel, la traición (de ella o del amigo), el arrepentimiento de la propia infidelidad, el haber perdido la oportunidad de ser feliz. La vejez a los treinta y cinco, o a los cincuenta, el cigarrillo, el alcohol, el cambio de vida del hombre de campo que se acerca a la ciudad, las carreras, la “timba”, los distintos juegos de azar, el hombre que – descreído de sí mismo- confía todo a la suerte, y le echa la culpa de las cosas que le salen mal. Dentro de su cabeza giran los más opuestos temas, desde lo más inocente hasta lo directamente aberrante. La envidia por los bienes materiales. Los autos, el ver que la mujer que amó o creyó amar, se encuentra en una situación material de postín, de riqueza, cuando él la conoció pobre y humilde. Y allí vienen las reflexiones, buscando la culpa, ya en la mujer, ya en el mismo protagonista del tango/drama. También la miserable satisfacción cuando encuentra a la mujer que amó (y que muchas veces lo rechazó) pidiendo limosna, destruída por la vida, también está la droga, pocas veces denostada, y algunas veces llamada “cocó”, con elegancia, casi con cariño. En la cabeza de nuestro hombre recuerda hasta las letras que hablan de aviones “a chorro” … Hasta que se pone a pensar en los números de la quiniela, y analiza los distintos temas, en el fondo cargados de dramatismo que cada número propone: El doble cero “los huevos” (hay que tener huevos para ponerse a pensar en un tema dramático). El cero uno, el agua (corrió bastante agua bajo el puente desde que dejamos de vernos)… El cero dos, el niño, el niño, fruto del metejón, dice el tango, es el hijo que surgió del casi accidental amor de la pareja, cargando al hombre de responsabilidades, no a la mujer, que en el tango es – en realidad – parte del paisaje, mientras no sea la madre, la viejita, que adquiere la categoría de “Gardel” , “la vieja es Gardel”. Y la madre es el cincuenta y dos. El cero tres, es San Cono, San Cono, un santo uruguayo, en realidad es un número más que un santo. Cuando sale en el Uruguay, saltan las bancas, porque lo ha jugado todo el mundo. Sí, hay tangos uruguayos, pero el tango es argentino, que caramba, luego está el  cero cuatro, la cama, que en los tangos es “catrera”, echándosele la culpa de extrañar a la ausente, o de no poderla abandonar el responsable de la letra, siempre eludiendo responsabilidades. Luego viene  el gato, que es el cero cinco, en este momento, piensa el poeta/analista, no me viene a la cabeza, ¡ah sí, el del “Café La Humedad” de Cacho Castaña… El ceo seis, el perro, en varios tangos es nombrado, porque es el animal que no se come, y que acompaña muchas veces al o a la protagonista del drama. Lluego el cero siete, el revólver ¿En qué tango lo oí mencionar? ¡Ah sí! En “Anoche a las dos” el cero ocho es el incendio, que mucho no ubico, pero algo debe tener que ver con la quemazón. El cero nueve es el arroyo, que los poetas usan para mencionar el pueblo en que nacieron, o recordar la infancia, o para decir que a la percanta la sacaron del arroyo, o mejor del fango, porque rima con tango, y hace más fácil la letra. El diez, que es la leche, a nuestro hombre no le recuerda ningún tango, sino la hora en que llamaban para tomar la leche, y por radio pasaban “Tarzán… rey de la Selva”… Sí, porque el tango es permanente recuerdo del pasado y arrepentimiento de lo que pudo ser y no fue. Nuestro agobiado poeta por tantas imágenes que le sugieren los números de la quiniela decide pensar en otra cosa, por ejemplo la situación política… y se da cuenta de que hay tangos terribles como ese que dice “Se cayó la estantería o San Pedro abrió el Portón…” que se refiere a la crisis de 1930, y si uno piensa un poco más, en “El mundo fue y será una porquería, ya lo sé, en el quinientos diez y en el dosmil también…” Y estamos en el 2019.  Finalmente escribe: “Araca, victoria, estoy en la gloria, se fue mi mujer…” Absolutamente agotado y a punto del surmenage, no advierte que a esa letra ya la escribieron… Nos queda desearle suerte. Ya con tanto número de quiniela y tantas imágenes de tango no nos es posible lidiar. Yo me voy.  PALERMO, 29 de octubre de 2019