UNA PALOMA SE ESTRELLÓ CONTRA MI AUTO

Venía contento, manejando por la ruta. Había ido a San Nicolás a agradecerle a la Virgen el haber podido comprar mi primer cero kilómetro, en realidad mi primer auto. Sí, soy muy religioso, pero también muy supersticioso y creo cuanta cosa dicen que es beneficiosa o maligna para la salud o la suerte. Venía casi distraído, pese que cuando manejo soy muy prudente, pensando en la cara que pondría Elvira, mi novia, que está al llegar de los Estados Unidos, donde ha ido a comprar ropa para vender aquí entre sus compañeras del Ministerio, cuando vea el auto, ya que lo compré ahora que ella está de viaje, y con guita que me ha regalado mi viejo.

Iba atento a la ruta, pero también pensando en Elvira, cuando sentí el golpe en el costado izquierdo del parabrisas. Evidentemente algo había golpeado contra el marco sin dar en el vidrio, por suerte. Paré en la banquina, con toda precaución – soy muy prudente, como he dicho – y volví caminando hasta dar con lo que había golpeado. En medio de la ruta gris, extrañamente desierta a esa hora, una mancha de un gris más claro se destacaba desde lejos. Una paloma. En realidad una torcaza, de ésas a las que en el norte de nuestro país les llaman bumbunas o sacha-palomas, y que vuelan generalmente de a dos. Apenado, tomé el montón de plumas en que se había convertido su cuerpecito aún caliente, y lo dejé al costado del camino. Evidentemente su muerte había sido instantánea al estrellarse contra el marco de goma del parabrisas. Siento mucho afecto por los animales y me apena mucho cuando pasa algo así. Volví al coche y miré donde había golpeado. Había una marca muy leve en la goma negra. Subí al auto y continué la marcha, sí que a una velocidad algo menor, y ahora pensando en las palomas. Pensaba en cuánto estas pequeñas aves tuvieron siempre tanto que ver con el hombre y con la historia. Desde la que envió Noé desde el arca, y que volvió trayendo en el pico una pequeña rama de olivo, árbol simbólico, pero también abundante en esas tierras áridas, hasta las mensajeras que tuvieron gran importancia en la Primera Guerra Mundial; pensaba en la gran diversidad de razas, por ejemplo esas que tienen una cola que se abre como la de un pavo, las que tienen plumas en las patas… y tantas otras. También pensé en que sirvieron y sirven de alimento para mucha gente, así como mucha gente las ha matado en los siglos XIX y XX en el “tiro al pichón”, original sistema de tiro al blanco.

Es claro que la paloma no es siempre para el hombre una amiga incondicional. En la provincia de Santa Fe, por ejemplo, sé que hay lugares como San Justo donde productores de arroz facilitan una escopeta y cartuchos con munición a quienes quieran matar palomas, que constituyen una plaga en esas zonas. A tal punto es así, que hay individuos en Buenos Aires que llevan contingentes de turistas a esos sitios para cazar palomas como deporte.

Como acabo de decir, la paloma no siempre es buena para con el hombre. Tampoco lo es para otros pájaros. En los lugares no urbanos donde hay grandes charcos en los que se juntan distintas aves a tomar agua, las palomas suelen ser muy agresivas y hasta crueles con otros pájaros, especialmente con los más pequeños, en tren de defender su lugar. Por otra parte suelen ser muy molestas en los centros urbanos, construyendo nidos en las casas de departamentos, donde ensucian y molestan a los vecinos, logrando que éstos implementen diferentes sistemas para ahuyentarlas. En grandes ciudades como Londres o Buenos Aires se han ambientado aves de presa que se alimentan habitualmente de palomas para evitar que estas últimas deterioren los edificios públicos con sus nidos y sus deyecciones. 

Bueno, como verán, pensé tanto en las palomas que me dije: No vaya a ser que el suicidio de esta paloma contra mi auto no signifique algo en especial. En cuanto llegué a la ciudad, fui buscando agencias de quiniela hasta encontrar una, pero como no hay un número que represente a la paloma en especial le jugué al 35, que es “El Pajarito”. Y ahora tengo dos cosas en qué pensar. En ver a mi novia, y en ganar a la quiniela. ¡Ah, no! En tres… en mi Cero kilómetro… (Gracias a mi viejo, también).

Palermo, 20 de enero de 2020