Sueño, en la Multitud

Estoy sola. Sola entre mil. Es que sí, somos mil. ¿Mil compañeras? No, ni nos conocemos. Nos chocamos a veces, unas con otras, y como generalmente ocurre, ni nos miramos en esta masa en movimiento constante, en este globo en que vivimos, en el que todo es apresuramiento; ni nos podemos ver de frente. Digo, para poder identificarnos. Como siempre, uno no puede saber a quién tiene a su lado.O delante, o detrás. Las hormigas, por ejemplo, tienen un orden preestablecido y constante, y por eso nunca hay amontonamientos, ni para entrar ni para salir del hormiguero. Las abejas tienen un magnífico código para comunicarse en pleno vuelo. Y además se desenvuelven en un medio colorido y perfumado en el que verdaderamente – por lo menos a mí –  me gustaría estar, ya que esto, esta manera de vivir y trabajar es una verdadera cárcel; ¡y lo es! Si cuando nos llaman, nombran un número… Y a causa de esto vamos perdiendo identidad. Cada vez es peor. Este recinto es asfixiante. Las paredes son transparentes, eso sí, pero no tiene ventanas. Sólo una entrada ,una abertura con un torno, como en los conventos, donde dejaban a los niños abandonados (no creo que se continúe haciendo, pero no me extrañaría, dado el momento en que vivimos). Por ese agujero, porque no puedo llamarlo de otro modo, es que salimos, y nos nombran, haciéndonos formar filas de acuerdo al criterio de los jefes, y con esto – al decir de ellos – nos valorizamos entre nosotras, según su criterio, y también según el mismo criterio hacemos mucho bien a una determinada comunidad, si bien me he enterado que por nosotras se ha suicidado mucha gente… hombres y mujeres. ¿Qué extraña belleza tendremos que se fascinan con nosotras al mirarnos en formación, en un orden determinado?¿Seremos TAN hermosas? ¿O será lo que representamos? ¿Pero, y qué representamos? Sí, juntas somos más, pero eso me demuestra que individualmente no somos nada, o casi nada. Es una sensación bastante deprimente, aparte del hecho que tenemos que estar todas siempre a disposición de los jefes en el horario en que se nos necesita. Es claro que fuera del horario habitual nadie nos molesta. ¡Y ni soñar con horas extra! Sólo en determinadas fechas del año y para las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Pero la Navidad y el Año Nuevo Gregorianos.Porque los jefes parece que ignoran el año nuevo judío, o el musulmán, ya que nunca nos han preguntado a qué religión pertenecemos, ni nuestra edad, ni siquiera nuestros nombres. Para ellos somos solo un número, que tenemos tatuado en la frente. Como no aquí no hay espejos, no puedo saber qué número tengo yo; aunque la 7, que es bastante buena chica, pese a que le dicen El Revólver, porque parece que su padre era de armas llevar, y la 46, que dicen que “está delos tomates” me han dicho que yo soy la 35, aunque todas me dicen “Pajarito”,porque dicen que vivo cantando. Es que yo soy muy alegre. Estoy aquí desde siempre. Tarde he comprendido que esto es una verdadera cárcel, y los “jefes”no son otra cosa que nuestros carceleros. Que pese a llevar un número escrito en la frente, no tenemos valor propio, ni conciencia de tenerlo. Que estamos totalmente masificadas. Que se nos niega la libertad, que no sabemos cuándo terminará nuestra condena, que cuándo dejarán de sacudirnos y revolvernos antes de cada jornada de trabajo, como si hubiera que despertarnos. Somos mil. Pero para ser tantas nos llevamos muy bien. Y yo ahora me siento mejor al comprobar, después de haber reflexionado largamente, que en realidad soy una bolilla, que estoy viviendo y trabajando dentro de un bolillero de la Lotería Nacional, y que me sacan para formar números de la lotería y de la quiniela con que premiarán a los billetes de la lotería, y a las apuestas de los jugadores de quiniela; que esta cárcel (44, así se le dice a la cárcel) es en realidad unaInstitución de Beneficencia para ayudar a la gente que no tiene techo ni pan, cosa que yo, afortunadamente no necesito para vivir, y que aquí nos cuidan, no corremos riesgos, salvo cuando nos lastimamos algunas veces, al girar el GranGlobo de Vidrio. Los jefes, o carceleros (ahora sé que son empleados de laInstitución) dicen que “nos cascamos”. La que se “cascó” es retirada y no vuelve jamás… Pero es reemplazada por otra nuevita, con el mismo número, que entra, y no entiende nada. Las que somos viejas tenemos que explicarle todo…

Bueno, soy la 35, el pajarito… Menos mal que no soy ni la 17, que es la desgracia, en el vocabulario de la quiniela… ni la 71 que es la que representa los excrementos, ni la cero, que aunque en la quiniela le digan “los huevos”, es eso. Un cero.