SORTEO DIGITAL

El hombre era jugador de alma, y tenía mucha curiosidad por saber cómo se harían los sorteos “digitales” que se habían anunciado por los diarios y las radios, de la quiniela de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Buscó en Internet. Distintos internautas daban consejos de cómo llevar a cabo un sorteo “online”, todos (para el hombre) absolutamente complicados y faltos de credibilidad. No obstante siguió averiguando, y… no conseguía nada. Pasó horas inclinado frente al teclado, buscando una solución que considerara potable. De pronto… la pantalla de su computadora se oscureció como si la máquina se hubiera apagado. Cuando estaba por intentar reconectarla, súbitamente la pantalla se iluminó, con una luz extraña, fantasmal, algo temblona, de distintos colores como un súbito arco iris en el que predominaba el verde “color no primario” pensó el hombre. Sin solución de continuidad, la pantalla misma comenzó a crecer, a crecer (el hombre estaba paralizado, en un estado como de fascinación) hasta tomar la dimensión de toda una pared de la habitación donde el hombre se encontraba. El aire se volvió como sólido, como si una niebla estuviera invadiendo el recinto, y de pronto una pequeña figura que al principio le parecía un conejo o un animalito similar, comenzó a crecer también y de pronto se convirtió en una especie de brujo medieval de horrible faz y nariz prominente,  vestido con una amplia túnica verde, con estrellas rojas, como un extraño firmamento fuera de toda lógica, que mirando a nuestro protagonista con ojos tan rojos como las estrellas de su túnica, con una voz cavernosa que parecía un extraño trueno, le dijo: “¿Quieres saber lo que es un sorteo digital?” Y extendiendo una mano como una garra, con largas uñas negras, le dijo al asombrado jugador “¡Sígueme!” El hombre, entre atónito por lo que estaba viviendo, y a la vez atrapado por la curiosidad, tomó la mano del extraño ser, que era helada y áspera, y penetró junto con él en el mundo nebuloso que se presentaba ante ellos.

            Miró a su alrededor: Todo era como una espesa niebla verde. Su guía tiraba de su mano como de la brida de un caballo, de modo suave, continuo, pero firme. Nuestro hombre se dejaba llevar a través de esa gelatina luminosa como hipnotizado por una sensación de estar fuera de su cuerpo, fuera de la realidad, como en un sueño. La caminata duró un tiempo que no pudo medir. Finalmente, su guía se detuvo. Al instante, la niebla comenzó a disolverse, permitiendo ver alrededor. Parecían encontrarse en un amplísimo recinto, iluminado por la luz de un cielo nocturno de un verde oscuro, en el que las estrellas brillaban con un fulgor fuerte y totalmente rojizo. El piso era firme pero mullido, como si se tratara de una alfombra verde “verde tapete” pensó nuestro jugador empedernido. Sí, parecía como un tapete para jugar a las cartas, pero, era extraño, porque al mismo tiempo le hizo recordar una inmensa mesa de ruleta, porque advirtió que estaba cruzado por líneas amarillas que demarcaban enormes cuadrados numerados con distintas cifras de tamaño proporcional a éstos. Al fondo del recinto, a su frente, aparecía lo que parecía una enorme pirámide de globos, de esferas que le recordaron a las bolillas de la lotería, pero de un tamaño desproporcionado, que ostentaban también números también enormes, pero también otros signos que no pudo entender. A sus costados el cielo se juntaba con el gigantesco tapete verde en un horizonte que no pudo precisar, porque además su atención se encontraba absolutamente atraída por esos enormes globos o bolillas gigantes. De pronto, con sorpresa, pero casi con horror, vió que toda la montaña de grandes esferas se desmoronaba, y avanzaba hacia él y su extraño guía, quien se mantuvo firme, impertérrito, como si nada ocurriera. Los grandes globos avanzaron hacia ellos con gran velocidad, y cuando el hombre creyó que moriría aplastado… pasaron a través suyo, como si fueran hechos de algo como el humo. 

            Cuando pasó la avalancha, se encontró solo, en medio de ese tapete verde, que en realidad había tomado la forma de una alfombra hecha con carpetas de plástico tamaño A4, conteniendo montones de información sobre algún tema que desconocía. Todas tenían escrito, a través de su portada transparente “Quiniela de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires – Sorteo digital”. En todas se leía lo mismo. “Agáchate y toma una”, oyó la voz de su guía. Temblando, comprobó que seguía solo. A su alrededor no había nadie. Sólo oscuridad verde. Se agachó y recogió una. Era de plástico transparente, con varias páginas de papel en su interior, con apretada escritura. Su peso y tacto eran normales. Lógicos. Observó que en el momento en que retiraba la carpeta, el piso se nivelaba, como si una carpeta que hubiera debajo hubiera “subido” hasta llegar al mismo nivel.

            De pronto, como si despertara de un sueño, se encontró en su escritorio, sentado ante la computadora. Apoyada sobre la pantalla, estaba la carpeta que había recogido del suelo en ese extraño lugar. No había soñado. No lo podía creer. Estaba agotado, helado, y bañado en transpiración.

            Cuando pudo serenarse, tomó en sus manos la carpeta, la abrió, pasó la primera página, en la que se leía “Quiniela de la Ciudad… etc…” Y pasó a la segunda. Allí pudo ver el siguiente texto:

“Éereptro sÜldnek, glink lbørsôk na púdjsztºch, sgøbördnka hkfit.éEreptrogrdönkpla, grzenáá gdômit sørgujâpplenök.Na sgalakkø cûbd, na kôfk busk kalimbdt.Drvoo!Itvo Hrszoma na kok klok, na kok busk, na zsípi, na dikdo!Szyp, szyp dágoöflKøssbukk, dtrogt aá.Na grzenáa dikdo, klok cûbd sørgujâpplenök.Tchkooh na grrpta lzul£y.Tdoktô gkúbd!Sbrúzy na gdômit éereptro.Zochkk Dóvø!Hkfit srlbinka xùf, grzenáa dikdo ka límbdt.Süldnek ka sgalákkø, iøºt hrszoma na ratrtro, na kalimbdt,¡na dubuut.Sgùdf Éereptro sÜldnek, glink lbørsôk na púdjsztºch, sgøbördnka hkfit.éEreptrogrdönkpla, grzenáá gdômit sørgujâpplenök.Na sgalakkø cûbd, na kôfk busk kalimbdt.Drvoo!Itvo Hrszoma na kok klok, na kok busk, na zsípi, na dikdo!Szyp, szyp dágoöflKøssbukk, dtrogt aá.Na grzenáa dikdo, klok cûbd sørgujâpplenök.Tchkooh na grrpta lzul£y.Tdoktô gkúbd!Sbrúzy na gdômit éereptro.Zochkk Dóvø!Hkfit srlbinka xùf, grzenáa dikdo ka límbdt.Süldnek ka sgalákkø, iøºt hrszoma na ratrtro, na kalimbdt,¡na dubuut.Sgùdf hrszoma grzenáa, sørgujâpplenök, gkubd aá. Éereptro gdômit glinkdubuut sgùdf rattro.Akalonda skúbd Púdjsztchtdtazih. Sgalakkø cûbd grzenaado busk zsípi na dikdo.Sørgujâpplenök,sorgujâpplenök kôfk szprugtt!Gkúbd kok, klokszyp, zípyu nagrzenáa-Dikdo, iøºt lborrnsok ka limbdt.hrszoma grzenáa, sørgujâpplenök, gkubd.

            En las páginas siguientes continuaba el texto escrito de manera semejante. Nuestro hombre no pudo entender nada, ni nosotros tampoco. Pensamos que existirá sin duda un sistema digital para efectuar los sorteos, pero no lo conocemos. Lo conocerán los que lo organizan.

PALERMO, 15 de septiembre de 2019