S U B M A R I N O

10 hs.AM. Estamos todos bastante preocupados porque el submarino no arranca. Estamos a setenta y cinco brazas de profundidad, y los motores silenciosos. Las baterías han perdido – al parecer – toda su carga. Hace calor. Los motores de las bombas del aire tampoco funcionan. Pronto nos quedaremos sin oxígeno. La luz hace rato que ha mermado. Podría decirse que estamos en penumbras. Y el silencio. El silencio es absoluto. Total. Podemos oír el ruido de nuestras respiraciones. Sentir el latido de nuestros corazones. Si las cosas no cambian, vamos a morir todos a muy breve plazo. Para colmo de mala suerte, los tubos lanzatorpedos, que funcionan a aire comprimido, necesitan del activador electrónico. Si funcionaran, podríamos salir expelidos por allí, uno a uno, es decir, el último quedaría adentro por no tener quien actúe sobre el activador. Y abrir las escotillas, ¡ni soñar! La presión exterior del agua no lo permite. Es como estar encerrado en un tanque hermético. La radio no funciona al no haber baterías. Como dije,  nuestra vida, la de todos y cada uno de nosotros –somos siete, no sé si lo dije- depende del mecanismo automático ubicado en el exterior del casco, que solicita auxilio largando una boya luminosa, que a su vez despide una bengala, y al propio tiempo activa una señal de radio que repite y repite “SOS-CQD-MAYDAY” y da la retícula de nuestra posición, constantemente… hasta que se le acaba la batería, con una duración estimada de doce horas. También hay un globo cautivo con una baliza intermitente, que – a toda línea- alcanza una altura de unos sesenta metros (195 pies). En una palabra, con un poco de fe, saldremos todos de ésta. Es cuestión de estar tranquilos. (Espero que todo esté funcionando como es debido).

11 hs.AM. El calor aumenta. Es como un día de verano; nos hemos quitado las chaquetillas de los uniformes, pero las tenemos a mano, por si hay que salir enseguida. No nos hemos movido. La luz ha menguado bastante. Nos distinguimos unos a otros porque vemos nuestras siluetas, pero para ver nuestras caras tenemos que estar bastante cerca. También nos reconocemos por la voz. Para dar ánimos a mi tripulación me puse a contarles de otras situaciones como la nuestra de las que yo y mis colegas, los oficiales más antiguos habíamos zafado. Como es lógico, exageré un poco, pero en todos los casos – como es de imaginar – siempre éramos rescatados con felicidad. En uno de mis relatos maté un pequeño gato que se había filtrado en la unidad a mi cargo. En realidad, se había filtrado en mi relato, porque nunca se nos está permitido llevar animales a bordo. Los muchachos no perdían su entereza ni su buen humor, ya que tenían cierta experiencia de lo que es trabajar y vivir bajo el agua, habían hecho largas travesías en éste y otros submarinos. De pronto, Estévez, un correntino tan simpático como inteligente pidió permiso para colocarse un snorkel con oxígeno, porque  dijo sentir pesadez en el pecho y falta de aire. Era un muchacho serio y responsable, y le di mi autorización.

12 hs. Estamos todos con el equipo de buzo puesto, y alumbrados con lo que queda de la luz de emergencia. Espero que en la base hayan comprendido que no funciona nuestra radio. Espero que haya captado alguna de nuestras unidades la señal de nuestra boya. Espero. Espero. Esperamos. No podemos hacer otra cosa. Como no podemos conversar con los equipos puestos y sin oxígeno, Nos hemos puesto cada uno a escribir. Es irónico pensar que tengamos algo creativo en qué inspirarnos. Lo más probable es que tengamos que descargar la tensión de la espera en nuestros manuscritos, que no sé si alguno de mis hombres querrá mostrarlos. Yo voy a poner aquí algunos recuerdos. Por ejemplo, cuando agarré en la quiniela el 22 con cien pesos a la cabeza… Como primera medida la invité a Rosita a comer a un buen restaurant, cosa que no hacíamos desde hacía un montón de tiempo. Tampoco los oficiales de este cuerpo ganamos tanto como para ir a cada rato a comer afuera. Recuerdo que había ganado siete mil pesos, y que para el primer franco que tuve nos fuimos a las cataratas. Fue un hermoso paseo.

13 hs. Nuestro principal problema es el aire. Tenemos reservas, pero de nitrox y heliox, para buceo profundo, que si los utilizamos pueden crearnos problemas de descompensación de gases en la sangre y otros tejidos, ya que se utilizan normalmente para grandes profundidades, y se necesita luego descompresión para neutralizar, y devolver al cuerpo su equilibrio. No vamos a poder utilizarlos. Estamos a setenta y cinco brazas, que son unos ciento treinta y siete metros. Se podría utilizar el nitrox, pero igualmente habría problemas, porque nuestra cabina está presurizada a una atmósfera… Bueno, es claro que ahora, si bien la presión es la misma, la mezcla de gases es diferente, ya que hay una disminución de oxígeno y nitrógeno, y se ha creado una parte considerable de dióxido de carbono. Con tanta descripción técnica quiero disimular el hecho de que nos estamos ahogando.

14 hs. Los muchachos están quietos y callados. No creo que nadie – excepto yo – escriba nada. Estamos todos concentrados en una sola idea. Salvarnos. Salvarnos… ¡Las veces que habremos dicho “estamos salvados” con tantos y tan distintos significados! Me vienen a la cabeza mis jugadas de quiniela, queriendo “salvarme” con el 37, o el 45… ¿En qué estarán pensando mis compañeros? Se han tendido cada uno en su cucheta, tratando de relajarse, con la excelente autodisciplina del tripulante de submarino. Qué sucederá allí afuera. Allí arriba. ¿Hará buen tiempo, estará nublado, con sol, se verá nuestra señal, tendremos señal automática? 

14.30 hs. Ya la oscuridad es completa. Y mi temor es no saber si es porque las pilas de las luces de emergencia se hubieran agotado, o es que mi vista ya no percibe la luz. ¿Me estaré quedando ciego, por efecto de la intoxicación del dióxido de nitrógeno en el aire?  Oir, no se oye nada. Nada. ¿Mis compañeros estarán vivos? Nada, ni el menor rumor. Negrura y silencio total. Hemos comenzado, bueno, yo he comenzado hace un rato a usar el nitrox, si que en forma moderada. Creo. Estoy medio dormido. Mis compañeros están dormidos, seguramente. ¡oh! ¡Qué ha sido ese golpe! ¡UN RUIDO FORTÍSIMO! Algo se ha estrellado contra el casco. ¡Oh, no puede ser…! ¡Nos están izando! ¡NOS ESTÁN IZANDO!…                                            ————————————                  Palermo, 14 de mayo de 2019