QUINIELA

Desde que era un niño siempre quise jugar a la quiniela. Viviendo en un país como Kimbawipi, en el centro de Africa, donde no sólo no existe la quiniela sino la más mínima señal de civilización, nunca pude hacerlo. Ahora estoy en Buenos Aires, Capital de la Argentina, un país de América del sud. Acabo de llegar a un aeropuerto bastante importante en el que hay una parte aún en construcción, probablemente una ampliación, ya que el movimiento es grande, se ven muchos aviones de distintas banderas. Aparentemente es un aeropuerto internacional, no de cabotaje. El movimiento de pasajeros es constante, pilotos, azafatas y comisarios uniformados con insignias de distintas empresas, todos yendo y viniendo con su correspondiente valijín con ruedas, componen una nota de color diferente en el ya variopinto vestir y aspecto de la multitud que viaja. Gente de distintas etnias, caucásicos la mayoría, africanos, amarillos, rasgos que hablan de países diferentes muy distantes todos ellos. El rumor de los pasos, las conversaciones, las campanas que llaman a embarcar a distintas puertas, y los carteles luminosos con avisos para el pasaje y distintos mensajes publicitarios, crean un clima especial muy particular, y para mi, un joven africano con casi ninguna experiencia en contacto con gente salvo los cuarenta o cincuenta alumnos del Kalumba School, muy conspicuo establecimiento educativo dependiente de la Corona, al que podíamos asistir los hijos de los diplomáticos del país que pertenecía aún al Reino Unido, y al que tuve que dejar cuando Daga Gabumba, nuestro líder sociopolítico, declaró unilateralmente la independencia, y Kimbawipi volvió a ser un país primitivo y completamente aislado. Felizmente ahora vengo yo a la Argentina como representante oficial, encargado de negocios, ya que por el momento no nos es posible instalar formalmente una embajada por varias razones fácilmente entendibles. En la puerta de salida, luego de los tan lógicos como engorrosos trámites del ingreso al país, veo a un hombre de mi raza con un cartel con mi nombre. Yo pensaba que en un país como la Argentina me esperaría un helicóptero que me llevaría hasta la ciudad, distante algunas millas, pero lo que sucede es que mi país carece de una plataforma económica como para tal recibimiento. 

       Hemos llegado al Hilton, un hotel de junto al Río de la Plata, donde me alojaré desde ahora, y que será mi domicilio mientras realice las gestiones económicas que se me han encargado. El lugar es bueno, confortable, dotado de todos los adelantos tecnológicos, pero ¡en el hotel no hay ninguna agencia de quinielas! Ahora que estoy instalado, he llamado a la recepción, para que me envíen un empleado que me indique cómo llegar a la agencia de quiniela más próxima. Me atendieron en correcto inglés, aunque con una cadencia algo rara. Estoy esperando al empleado,  que espero me indicará los pasos a seguir. Ahora ha llegado. Acaba de irse. Me ha dejado una especie de mapa y guía de lugares de diversión y restaurantes, pero nada más. Afortunadamente tengo el teléfono de un compatriota mío que tiene una pequeña empresa, y hace unos cinco años que ha ingresado a este país como inmigrante. Espero que él me ayude, no sólo a encontrar una agencia de quiniela, sino también a manejarme con los taxis, comunicarme con la Cancillería, hay que ver que Kimbawipi no es un país rico ni siquiera conocido. No tenemos personal disponible para manejarnos por la ciudad. Todo lo tenemos que hacer por nuestra cuenta y según nuestra propia iniciativa. Suerte que el gobierno me dio un millón de tongas, que deben ser unos cinco mil dólares para que me maneje, porque estoy bastante indefenso en este país sudamericano. Me han dicho que debo tener mucho cuidado en el trato con la gente. Al dinero lo he dejado en la caja de seguridad del hotel. Luego lo voy a cambiar. Doscientos tongas es igual a un dólar. Mientras espero a mi amigo me he puesto a pensar… ¿Cómo será jugar a la quiniela?, ¿habrá más de una clase de quiniela? He oído decir que hay una poceada, otra que se llama Quini6, ah no, eso no es quiniela… qué dudas… esperaré a mi amigo. Que los Grandes Espíritus me acompañen…