Es de conocimiento general que el juego de la quiniela se originó en Rosario, introducido por un vasco llamado Domingo Irigoyen, que tenía en el año 1900 un almacén de ramos generales, quien comenzó aceptando apuestas en forma ilegal – esta ilegalidad ha sido confirmada por la policía rosarina en 1922 – difundiéndose rápidamente en esas condiciones por todo el país, con sus “banqueros” y “levantadores” hasta su legalización en 1973, cuando ya había trascendido nuestras fronteras, y se había legalizado, en 1950 en el Uruguay y en 1952 en la República Dominicana entre otros países. Pero lo que no es tan conocido, es decir casi desconocido, es de dónde vienen los nombres asignados a los números de modo que, de paso,  resulte fácil memorizarlos. Si bien la quiniela fue introducida por un vasco español, los nombres de los números vienen de Italia, más precisamente de Nápoles. Se originan en la Smorfia.

Smorfia es una palabra en dialecto napolitano que significa literalmente “mueca”. Y tiene una raíz fuertemente griega: Se origina en Morpheo, o Morfeo, dios griego del sueño: Antes de existir la lotería estaba el Lotto italiano, y en Nápoles la Smorfia, lotería que consta de sólo 90 números de dos cifras, del 01 al 90, tiene una relación directa con los sueños; así por ejemplo, si soñás con Italia, tu patria, tenés que jugar al 01. Si soñás con una prostituta, en Nápoles tenés que jugarle al 43, mientras que en nuestro país, al 78. Así y todo, hay muchos números que significan lo mismo tanto aquí como en Italia. El 12, el soldado, el 17, la desgracia, el 18, la sangre, el 22, el loco (este loco 22 viene también del Tarot, y podríamos decir que es entonces milenario) Ahora, para nosotros el dinero es el 32, mientras que para la smorfia es el 46. (Ja, aquí es “los tomates”, así que podía ser todo lo contrario…) Aquí el 30 es Santa Rosa, en alusión a la fecha de la famosa tormenta, treinta de agosto. En cambio en Nápoles significa nada menos que “los testículos”. Soñar con órganos genitales es suerte y prosperidad, pero depende: si soñás con el 6 va todo bien, es prosperidad, pero si soñás con un órgano musical es que te van a caer parientes de visita y allí tenés que jugar al 54. (Raro, porque en Nápoles ese número significa “el sombrero”) quizás como para decirle a alguien “Aquí está su sombrero. ¡Váyase!” Porque mejor sería, digo yo, jugarle al 55, que tanto aquí como allí significa “la música” Es claro que sería peor entre nosotros, que el 54 significa “La Vaca”… Bueno, no sé si los parientes vienen con una vaca de regalo… Muchos números indudablemente han cambiado de “nombre” al pasar a sud América,  y a la Argentina, por el entorno cultural, las tradiciones y costumbres. Aquí, si jugás al 39, le jugás a la lluvia. Pero si lo haces con la smorfia, le estás jugando a la soga del ahorcado. Ojo, que en algunas culturas europeas la soga de un ahorcado trae suerte. (!) Pero a no preocuparse, que el cuarenta y cinco es buen vino, tanto aquí como en el sur de Italia.

Esta serie de nombres, alusiones y comparaciones podría ser muy larga, pero hay una razón para que no se torne aburrida: En la smorfia hay sólo 90 números, y en nuestra quiniela hay cien. DICHO EN OTRAS PALABRAS, TENEMOS DIEZ NÚMEROS TOTALMENTE ARGENTINOS: El doble cero, llamado “los huevos” (pero no alude a las posturas de ningún ave, sino a algo más escatológico, como te imaginarás, querido lector). El 91 (otra vez, nosotros) es el “excusado” o sea una forma de decir la letrina, o el inodoro. Excusado era el baño en algunos hoteles, a principios del siglo veinte. El 92, es el médico. El 93, el enamorado. El noventa y  cuatro, el cementerio, que cuando lo jugaste y sale, es motivo de alegría…  El 95, los anteojos. El 96, el marido (con la carga alusiva de ser el marido de… siempre pensando en “picaresco”)… El 97 es la mesa. Por qué, no lo sé. Está – me parece – puesto en forma caprichosa. Un elemento fácil y fundamental. El 98 es la lavandera. Es posible que hubiera alguna lavandera, de esas que lavaban en la orilla del Río de la Plata, que levantara quiniela, en fin también puesto casi al azar. Y el 99 es “los hermanos” probablemente porque son dos números iguales, gorditos, que hace pensar – quizás – en dos rollizos hermanitos gemelos.

Después de toda esta explicación, caro lector, fijate bien en qué vas a soñar, antes de andar jugando a cualquier número…

Nota: Se dice que en Nápoles, en la actualidad, muchos apostadores de smorfia acuden a la agencia y le dicen despacito al oído al agenciero lo que soñaron para que nadie se entere (ni a veces ellos mismos) a qué número han jugado…

Palermo, 7 de enero de 2020