LA PESTE

          Viernes 13, 18.20 hs. Juan está sentado ante una mesa de un bar. Junto a él conviven (¿o diríamos conmueren?) los restos de un café con leche, y de dos diarios. Uno del día, y otro del día anterior. El salón dispone de unas treinta mesas, es decir, capacidad para unas ciento veinte personas. Desde que llegó, casi dos horas antes, él ha sido el único cliente. Ahora han llegado dos mujeres setentonas, que conversan casi a gritos con uno de los mozos y ríen con voz cascada. Juan ha hojeado los dos diarios, y comprueba que tanto en las noticias como en las columnas editoriales  sólo tocan el tema de la Peste. La Peste aquí, en Argentina, en Europa, en Estados Unidos; no hay otro tema. La Peste. Siempre La Peste.

          El Pánico. Siempre El Pánico. Los diarios dan cifras de infectados y de muertos. Noticias de gobiernos que cierran las fronteras de cientos de países, entre los que son protagonistas los que manejan la economía del mundo. El mundo entero está enfermo de peste. El mundo entero está apestado.

          Juan piensa: ¿Realmente, es La Peste, o El Pánico lo que apesta a la gente? Un individuo se enferma, diez individuos se contagian. Cien individuos se asustan. Los medios de comunicación, al difundir la noticia, la hacen crecer, la exageran. La masa del público acepta, asimila. Hace suya la idea, no analiza, no discute. No mide, se aterroriza. Al aterrorizarse no razona. Se espanta. Se espanta llevando dentro de sí el veneno del terror, el veneno de La Peste.

          El virus de La Peste tiene un lapso de vida. Nace, se desarrolla, quizás se reproduce, infecta al hombre y muere. El hombre apestado se contagia, se enferma, la enfermedad completa su ciclo, y el hombre mejora y se salva, o empeora y muere. El público/masa que se entera por medio de las radios, la televisión o los diarios de la evolución de La Peste se desorienta más aún, y como es natural su terror va disminuyendo paulatinamente con el tiempo, pero en ese momento el periodismo no tiene otro tema, otra noticia impactante, ya que la actividad en el mundo entero se ha paralizado por El Pánico; los gobernantes de los países líderes, al no existir vacuna por ser una peste nueva, toman medidas de prevención que asustan más a la gente y que alientan al periodismo en una macabra retroalimentación a continuar con el aterrador relato. El ciclo se cierra pero sin salida, es decir proporcionalmente la masa crece, se infiltra, se empapa de terror. No razona, actúa de la manera menos lógica. Entra en pánico. Entra en El Pánico.

          Juan llama al mozo, paga su café y se marcha apresuradamente a jugar unos pesos a la quiniela; quizás al dieciocho, que es la sangre, y quizás también al veintidós, que significa la locura que poco a poco está cobrando cuerpo en la humanidad y quizás en el mismo Juan como parte de ella, pero en este caso en su conducta interviene otro factor. La Esperanza.

Palermo, 13 de marzo de 2020