Le Jugué al 03 a la Quiniela

Terminaba agosto. Esa noche había 83, y en la villa hacía frío. Tábamo truquiando en 97. 22, totalmente 14, se empeñaba en levantarse a 21 del carnicero. El 96 aún no había regresado del negocio, así que no estaba enterado de nada. De una, comenzó a la 39. La 39 arreciaba, y poco a poco la 01 llegaba a las pata’ de 04, a las de 97, y a nuestros tobillos. Pusimo’ más carbón en el brasero, en realidad una lata vieja de dulce de batata, de esas que venían con la cara de 21 con un pañuelo en la 34, pero al ratito se apagó del todo porque al principio humeaba, pero luego parecía flotar como un bote. ¡Mirá, parece 53 fantasma! Dijo el Juan, que le decíamo el 19, porque había laburado en una pescadería. Me hacía recordar la 39 en 28, mi pueblo. El caso es que tuvimo’ que poner las pocas pilchas arriba de 97, y de los dos armario’ que teníamo’. Pusimo’ lo más alto que pudimo’ la tevé, y cortamo’ 31, que venía con un cable de la casilla del 35 Martínez, porque se venía la 62. No había nada que hacé, el 09 había crecido. El 06 de 22 había comenzado a aullar, y en 31 que nos daba una vela, vimo’ cruzar nadando 89 del fondo, que uno sabe que en esos caso’ son las primeras que se rajan. Menomal que no salió ningún retil, como pasaba muchas vece’ en esa circuntancia’ Es una 17 cuando ocurren estas cosa’. El 05, que estaba arriba de todas la’ frazadas vio pasar a 89, y ni mosqueó. En ese momento llegó el carnicero con el 41 que usaba pa’ 49, 22 lo miró con 72, y con todo 90, porque e’ bastante 25. Cuando digo 25 no quiero deci’ que es hincha de ningún cun cuadro, sino que así, cagón, le agarra de una 90 porque e’medio 23, pero siempre anda con el fierro. Por las duda’ manotió el 07, que siempre andaba calzado, pero se acordó que lo había puesto en una bolsa de plástico arriba de la tele, junto con el 45, pa que no se mojara. No pasó nada. Teníamo todos 77 empapadas y a 21 del carniza le chorreaba la pollera y de los nervio’ tenía aferrado en la mano 27 con que estaba sacándose los 87 y le rezaba a 30, por la fecha. Afuera, los 68 de la gorda 78 que la iba de 15, le daban con todo al 64. L’ oscuridá’ se hizo más oscura, y se oyó un chapoteo, y era el 24 del verdulero con carro y todo, y arriba un hombre con una 85 que decía “los que necesitan comida o donde dormir, vengan conmigo”. Era el 40 de la 84 de 29, que había dejado 26 y recorría la villa donde podía meter el carro, y trataba de que los 74 se salvaran de morir 58. También venía un médico, que hay que ve’ como de golpe a la gente le agarra la solidaridá. Venían trayendo al paralítico, que le decíamo’ cementerio, porque en la inundación pasada la 52 y los 99 casi se amasijan por salvarlo, que sinó hubiera 47 58. Por suerte, de ahí no pasó la cosa. Yo, que fuí uno de los que dormimo’ en la 84, me rajé tempranito a jugale a la quiniela a 03, que no me podía fallar.

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