I N F O R M E I N T E R G A L Á C T I C O

La nave descendió suavemente sobre una extensa carpeta de bien cortado césped. Es la primera vez que lo hacemos en un radio urbano. Evidentemente habíamos tocado el suelo en un parque de recreo de una ciudad importante. Lo hicimos sin ruido gracias al interfector axial que nos hacía invisibles e inaudibles para los habitantes de este planeta. Nuestro módulo es bastante pequeño con relación a la Gran Nave Madre, que orbitando a la misma velocidad y sentido que el planeta, parece un punto infinitamente lejano e inmóvil en el espacio sobre nuestras cabezas.

       Bajamos seis. Los otros dos restantes quedaron en el módulo para prevenir cualquier contingencia. Con ellos nos mantenemos conectados permanentemente, y también tenemos comunicación con la Nave Madre, por si a los ocupantes del módulo les sucede algo. De todos modos hasta este momento, como dije, somos invisibles e inaudibles para los elementos locales. Según estamos averiguando gracias al trasculter, éstos constituyen una sociedad culturalmente bastante parecida a la nuestra. Físicamente son casi idénticos a nosotros los xryngos, sólo que en promedio un poco más altos, más o menos de unos tres grübs de estatura, piel de distintos tonos entre el rosa y el castaño, para utilizar palabras del idioma local. En realidad deberíamos decir Gervb y Thurg, pero me parecen más adecuados los nombres que ellos les dan a los colores. Aparentemente pueden comunicarse entre ellos oralmente, por la voz, sistema al que le denominan “hablar”. Pero hemos observado que – si bien son gregarios – cuando están juntos no usan el “lenguaje hablado”, la comunicación oral, sino que sacan de algún bolsillo un pequeño intercomunicador manual, y “hablan” con otro “terráqueo” que es como ellos mismos se autodenominan. No sabemos aún si cuando están juntos se comunican telepáticamente. No lo creemos porque estamos comprobando que tienen gran cantidad de dispositivos electrónicos para comunicarse, especialmente uno llamado Internet, y otro Redes Sociales, mediante los que están interactuando de manera permanente.

       Hemos llegado a un lugar de alojamiento transitorio. Nos hemos hecho visibles y audibles ya que nuestra vestimenta difiere poco de la suya (podemos pasar por soldados de algún regimiento desconocido para ellos, ya que hemos visto que aquí también hay soldados). Al alojamiento o albergue le llaman “Hotel”. Hemos tomado tres habitaciones de dos nidos cada una (aquí “camas”). Nos dieron las números 13, 14 y 15. (Usan un sistema decimal casi igual al nuestro). La decoración de las habitaciones es bastante parecidas a las nuestras, sólo que las “camas” se apoyan en el suelo, sin usar el antigravitador, que las haría flotar en el aire… en realidad, sin necesidad. Son igualmente cómodas. Incluyen un adminículo que las hace cómodas, al que llaman “colchón”.

       Hemos bajado al comedor común del hotel, donde se ofrece un alimento matinal al que le llaman “desayuno” (Yo aprendo rápidamente los nombres de las cosas, acciones e instituciones gracias al  thransflex ático, que en este lugar se llama “traductor automático”). El desayuno (es des-ayuno. Al no alimentarse le llaman “ayunar”) tiene muchas variantes según el origen étnico de los huéspedes, y que al igual que al lenguaje y el vestir varía según la moda. Los de piel más clara, con la cabeza cubierta de un pelaje amarillo toman – por lo general – huevos de algún animal que no hemos identificado, revueltos con delgadas fetas de algo que llaman “jamón”, o “cerdo” o “puerco”, y que es muy parecido a nuestro kloptz. Los huevos simplemente son llamados huevos, y aún no hemos podido descubrir postura de qué animal son (ave o reptil). Los de piel más oscura toman un brebaje negro, o lo que aquí llaman “castaño oscuro” (Para nosotros thurg pretz). En realidad creo que todos los habitantes de este planeta toman ese liquido negro al que – creo – le llaman “Café”, o “Cafecito”. Hay que tener en cuenta que aún hacen unas treinta horas/tierra que estamos aquí, y todavía nos falta mucho por conocer, al menos así lo creemos en base a los datos a nuestro alcance.

       Como hemos podido averiguar, hay mucha más “gente”, como ellos se llaman a sí mismos, habitando otras ciudades, y aún el territorio íntegro del planeta está dividido en “países”, y en cada país predomina una etnia diferente; tienen distintas culturas y grados de culturas con sus correspondientes legislaciones o normativas, llamadas “religiones”, siendo las seis principales Cristianismo, Judaísmo, Islam, Rock, Comunismo y Capitalismo, con una gran variedad de sectas en cada una. Tienen modelos socioculturales que cambian con gran frecuencia llamados modas. Sólo hay dos conductas en ellos que no cambian. Una, llamarse a sí mismos “El Rey de la Creación”, y la otra destruir sistemáticamente su entorno en una actitud suicida que hasta provoca gradualmente la destrucción del planeta por medio del recalentamiento climático y las armas atómicas. Constantemente usan su creatividad – son tan creativos como necios – para inventar nuevas armas y otros sistemas de autodestrucción de la propia especie. “Humana”, como ellos la llaman. Incluso han llegado a comerse a sus propios semejantes. Dicen los comentarios que esa costumbre perversa ya no se practica, pero el suscripto no podría asegurar nada al respecto.

       Gracias al cultivo de ciertos vegetales comestibles y la cría de determinados animales con idéntico fin, los habitantes de este planeta podrían alimentarse y abastecerse cómodamente. Pero son dueños de un concepto al que llaman “distribución de la riqueza” que hace que una notoria minoría posea muchos más bienes que el resto de la población, cuyo alto porcentaje pasa hambre. Así, el hambre, las guerras, las enfermedades y la crueldad de los mismos hombres hacen que la especie no prospere, permaneciendo la población en una cifra fija de unos seis mil millones de habitantes, la mayoría sin agua ni comida suficientes, para no deshidratarse, si bien muchos las reemplazan con el alcohol, con funestas consecuencias, y ahí hacen pensar al suscripto que la práctica antropofágica aún es posible que exista en determinados lugares del planeta.

       La célula fundamental de la sociedad es la familia, cuya constitución o armado varía según la zona cultural. Por ejemplo, en “Occidente” (parte de lo que se llama Continente Europeo y América) la familia se compone de: Un macho, una hembra, y su prole o cría. Las leyes disponen que no se agregue ningún otro integrante a la pareja, pues si bien muchas veces ocurre, suelen producirse situaciones insostenibles, con grandes complicaciones, sobre todo si en las discusiones interviene el dinero. En cambio en Oriente, (Parte de Europa oriental y el continente asiático) la pareja puede ser polígama. En algunos lugares de cultura más primitiva también puede ser poliándrica. (Estos términos los ha aprendido el suscripto en conversaciones con personajes destacados de la Tierra).La composición de la familia puede describirse de la siguiente manera: Un ejemplar macho semental (“Hombre”) y una hembra fértil (mujer) se juntan con el fin de reproducir. Tener hijos, y constituir la familia. Pero, tras el aspecto de hombre o de mujer suele ocultarse un tercer sexo estéril, llamado “homo”, “trans” “lésbica”, y “trolo” o “trola”, según su aspecto externo, trolo, sería la versión masculina, y trola la femenina, ya que los nombres terminados en “o” corresponden al macho y en “a” a la hembra de la especie: Nota: Masculino y Femenino son términos terrestres o terráqueos que corresponden a “Hombre” y a “Mujer” respectivamente. Además “trola” se usa para describir a un determinado tipo de mujer que practica el oficio más antiguo del mundo, pero aún no sabemos cuál es.

       Por último, hay nombres que no indican sexo, que suelen usar los que pertenecen al tercer sexo estéril para disimular su condición, que en las culturas actuales pasó un largo tiempo en no ser bien vista, pero ahora está retornando, como René, por ejemplo.

       Otro tema: Al hombre le gusta el riesgo. Es decir, sentirse amenazado, y siente satisfacción en superar el peligro que ello implica. En otras palabras, al hombre le gusta jugar. Originalmente el juego implicaba riesgo de vida. Incluso actualmente hay actividades lúdicas que suponen peligro, pero por lo general el hombre prefiere arriesgar el dinero, que es lo que le sugiere seguridad y manutención. Hay muchas clases de juego, pero al individuo urbano le gustan los juegos de azar, en los que el jugador desafía a la suerte, a la nada, en realidad. Apuesta a que un número determinado saldrá premiado en un sorteo (rifa). O que una bolilla caerá en un determinado casillero (Ruleta, Lotería y Quiniela).      También son juegos de azar algunos juegos de cartas (no todos) en los que el jugador interviene en forma pasiva. Pero la Quiniela aparentemente es el más inofensivo, y que rinde un beneficio mayor.  El suscripto termina aquí su informe, esperando la aprobación de sus superiores y solicita una pequeña licencia para informarse adecuadamente con el fin de instalar una agencia de quinielas en su planeta de origen.    ——-  Palermo, 6/8/19