EL SUEÑO DEL LOCO (22)

Estaba “muerto de sueño(70)” y cuando llegó a su casa se tendió sobre la cama (04) y se quedó dormido en el acto. Inmediatamente comenzó a soñar.

       Soñó que volaba montado a caballo(24) de una mariposa (23). Que subía alto, alto, que veía el mundo desde arriba, todo como desde un balcón(43) los edificios, la iglesia(84) y hasta el cura (40), que celebraba misa(26), los jardines, las plantas(59), las flores(81), el campo, el agua (01) clara del arroyo (09),la vaca(54) que pastaba, el cazador(65) con su escopeta(61) y su perro (06), buscando algo de carne(49) para su almuerzo cotidiano, el loco (22) pensó “ espero que encuentre algo bueno, y no tenga que terminar matando una gallina (25), o un pajarito (35) para comérselo con su pan(50) y su vino(45), que seguro no le faltarían. Vio el humo (86) del fuego que había preparado el hombre para su asadito; deseó que tuviera suerte, que no lo picara una víbora(67), que disfrutara de su excursión.

       Era un día lleno de luz (31). Nada de lluvia(39), nada de mal tiempo (83); siguió subiendo, pasó por encima de un cementerio(94),¡qué raro, le pareció que los muertos lo saludaban! Uno le habló (48). Le dijo algo, pero no pudo entender qué. No sentía miedo(90). Cada vez subía más alto. Pasó por encima de un cerro(28) y pudo ver las casitas como en un juego, como una maqueta de un arquitecto. Más alto, más arriba. Sentía una alegría indescriptible. Pensaba que si se encontraba aquí con San Pedro(29), con Santa Rosa (30) o con el mismo Cristo(33) o la Virgen(60), se sentiría “como en su casa”. Bueh, se le fue un poco la mano… Con el Papa(88) sería suficiente… Bueno, a lo mejor San Cono (03)… Es que se sentía en un plano realmente superior. Era una verdadera fiesta(20). Se sentía muy feliz. Una sensación de plenitud. Pensó que estar en la tierra era como estar en una cárcel(44). Ahora estaba realmente liberado. Sentía que las lágrimas que corrían por su cara no eran de llanto(64) sino de alegría. Se sentía inundado por la paz. 

       Su cabalgadura era una sinfonía de color, de movimiento, de vida. Era como navegar en un barco(53) de cuentos de hadas, por océanos de armonía, de música, de felicidad. Se sentía un héroe, un triunfador, un “winner”, como había oído decir por ahí. Su sangre(18) corría por sus venas borracha(14) de alegría. Inocente, con la inocencia de un niño(02) que juega con su pequeño gato(05). Como el sobreviviente que regresa de la guerra. No más pelea(82) no más discusión. Sólo paz. Sin saber por qué recordó su infancia, cuando con sus hermanos(99) y sus sobrinos(68) salían a buscar lombrices(66) para hacer carnada para pescar mojarritas, que luego ni comían, o cuando su madre(52), una gran mujer(21), sin duda, los llamaba a la tarde para tomar la leche(10), o cuando con un palito(11) a guisa de fusil, jugaba a ser soldado(12), o quizás director de orquesta… Cualquier cosa era buena cuando un chico con suficiente imaginación quiere jugar, que es el trabajo (siempre creativo) de los chicos… 

       No fue una caída(56). Fue una especie de sacudón de sorpresa(72). De pronto se encontró en su cuarto, en su propio lecho, vestido, hasta con las zapatillas(42) puestas. Evidentemente se había quedado dormido, liquidado de agotamiento. Pero de golpe se dio cuenta: ¡Había soñado con un montón de números para jugar a la quiniela! ¡Su suerte estaba asegurada! Jugaría los pocos pesos que le quedaban a todos los números que pudiera recordar.

       Fue corriendo a la agencia de quinielas más cercana, jugó, sí, acertó dos pesos al 18 a la cabeza, pero en realidad no tiene tanta importancia si ganó o no ganó, comparado con el hermoso sueño que había tenido, y cuya impresión le duró por mucho tiempo. Tanto, como para ir jugando poco a poco quizás a todos los números del doble cero al noventa y nueve.PALERMO, 3 de septiembre de 2019.