EL PROYECTO

 

 

Volvía a su casa cansado, luego de un día terrible, de un día de trabajo en el que todo parecía que se había conjurado para que le salieran mal las cosas; su proyecto había sido rechazado por el gerente, y hasta había oído que su departamento iba a ser suprimido. Tendría que buscar rápidamente otro lugar en la fábrica, o renunciar. Y si renunciaba, dónde… Caminó las seis cuadras que lo separaban de la parada del colectivo con la cabeza hecha un tambor redoblante, con mil ideas negativas que hacían que no pudiera pensar en otra cosa que en el mal día de la oficina. Recordaba el entusiasmo con que había comenzado a trabajar en la empresa. Todos los años pensando en el ascenso que nunca venía, y en las veces que lo había pedido y le había sido denegado. En los compañeros que habían ascendido, y especialmente en Luis, uno de ellos, que parecía no ser muy inteligente, había “hecho carrera” verdaderamente, ahora era gerente de Recursos Humanos. “No. ¡Esto se acabó, voy a renunciar!”.

Apretó la mano sin darse cuenta dentro del bolsillo de la campera, y sintió el bulto del dinero que había cobrado. Es claro. Acababa de cobrar el sueldo, el sueldo miserable que le pagaban por el puesto de analista de costos en la Oficina de Compras. Hoy era día de pago. Margarita también habría cobrado. Ella trabajaba en la misma compañía. En Relaciones Públicas, con esos compañeros amanerados y el jefe del que se decía que era el amante del Gerente General. Ella cobraba por lo menos el doble de lo que cobraba él, y tenía un entorno de gente siempre sonriente, siempre aparentando felicidad y orgullo de Pertenecer a la Empresa.

Iba a renunciar. Mañana mismo. Imaginaba cuando se lo dijera a Margarita; ella iba a ponerse a llorar a gritos, diciéndole que él era un idiota, que ella había tenido mil oportunidades de casarse con un hombre mejor, más inteligente y más trabajador, que tuviera el coraje de enfrentar a las contingencias de la vida con optimismo, con ganas, con verdadera valentía; comenzaría la cantilena de siempre, de compararlo con otros compañeros, con otros amigos que venían a veces a comer a su casa, o con quienes salían al cine, y que ella consideraba unos triunfadores, incluso uno de ellos, en el tiempo que hacía que había entrado a trabajar en le Empresa había viajado a Europa dos veces, y había cambiado el auto, “en cambio Vos, Armando, vos ni siquiera tenés auto, ni sabés manejar, y en los últimos cinco años sólo hemos podido ir de vacaciones una vez a Mar del Plata, y además…”

Realmente era para suicidarse. Siempre había cumplido con su trabajo lo mejor posible. Pensó que si se hubiera tratado de otra persona que no fuese él, lo que habría hecho sería ofrecer su proyecto a una empresa rival. Pero no. Él era una persona decente. Pensó que ya su situación no tenía salida. Que podía tirarse debajo de un tren, o jugar todo ese sueldo miserable, esos veinticinco mil roñosos que tenía en el bolsillo a la quiniela de un solo saque, y ver qué pasaba… o seguir igual , o peor. Se dio cuenta de que mientras caminaba, y su cabeza era un caos absoluto, había estado leyendo atentamente todos los letreros de los comercios que se extendían por las seis cuadras que separaban la parada del colectivo de su domicilio, en un barrio modesto del borde de la ciudad. “Panadería y Confitería La Estrella”, Rotisería “Al Buen Lechón”, Ferretería y artículos de electricidad “La Luz Led”, “La Buena Fortuna, Loterías y Quinielas…”

“¡La Buena Fortuna!” Armando repitió el nombre en voz alta, y sintió que algo venía de arriba, como una bendición del cielo, le tocaba la frente, y le hacía ver la luz. “¡La Buena Fortuna!…”  Sin titubear, al paso que iba caminando, que no era muy rápido, se dirigió a la agencia de Quiniela, y jugó a varios números, a la cabeza, a los premios, en redoblona, en fin a todo lo que se pudiera jugar. Llegó a su casa con cinco mil menos, y un montón de boletas de quiniela en el otro bolsillo.

Al siguiente día Armando cobró algo de siete mil pesos de lo que había jugado a la quiniela. Sigue trabajando en la misma compañía. Parece que le van a dar un puesto en la sección finanzas, también como analista. Pero no se sabe seguro. Habrá que ver…

 

Palermo, Buenos Aires, 9 de abril de 2019