Diálogo Postal Quinielero

De Monseñor Perpetuo Fráiler, al General Augusto Guerrero:

Estimado Sr. General: Aunque estoy acostumbrado a aconsejar a la gente, especialmente a mostrarle el Camino, esta vez necesito un consejo que sólo usted puede darme, ya que tiene según creo – soy un hombre de fe – gran experiencia en cuanto a estrategia. Aunque mi problema quizás supere vuestra capacidad de captación del sentido de mi demanda, por favor le agradeceré que use su disciplina militar para orientar mi derrotero. La pregunta es: General, ¿Qué es la quiniela?. Esta pregunta viene al caso, porque muchos feligreses me hablan sobre este tema, sin contar la cantidad de sacerdotes que me mencionan el asunto, y no quisiera responder algo sin sentido, dada mi responsabilidad ante mi grey. Los curas, diáconos y simples ovejas de mi rebaño me hablan, incluso en confesión, de “la quiniela de anoche”, “la quiniela de ayer”, “resultados de la quiniela matutina”, “resultados de la quiniela de Tucumán”, etcétera, y yo no sé cómo responder sin dar un consejo equivocado o caer en el ridículo. Entonces apelo a los salmos, aconsejándoles que recen en voz alta tal o cual. Le confieso que, vistiéndome con ropas civiles y colocándome anteojos negros, ya que por mi abundante barba entrecana no se me reconoce por estar de moda esta pilosidad. He visto esos locales que promocionan esta actividad, y en cuanto entro en cualquiera de ellos, me preguntan qué voy a jugar (parece que se trata de un juego, que espero no sea pecaminoso, aunque mi intención sea puramente didáctica, ya que debo aconsejar a la gente que a mí acude, pienso que para lograr su anhelo de salvación), y al comenzar a contestar “amado hermano en Cristo”… sus rostros adquieren una expresión de extrañeza, y me miran de una manera que me hace perder la paciencia, y antes de decirles algo indebido, como “vosotros merecéis la excomunión sólo por vuestra manifiesta falta de respeto a la autoridad que me atañe, dada la jerarquía eclesiástica que represento”, me retiro molesto, aunque no puedo hacerlo con la cabeza gacha; y a propósito, oigo que dicen algo como “en la matutina, cinco pesos al loco, a la cabeza”. Pienso que en arranque de entusiasmo quieran ayudar a algún demente. Otras veces me dicen sin miramientos “rajá de aquí viejo pelotudo”. Interpreto que sugieren que me vaya. En fin, por todo esto, reitero a Vd. me pedido de – si me permite – orientación para mí, y para mi grey. Agradecido, le saludo con toda consideración. Mons. Perpetuo Fráiler.
Respuesta del General Augusto Guerrero al Obispo Monseñor Perpetuo Fráiler.

Respetable Monseñor:

Con vuestra venia, procedo a contestar su tan amable como elocuente misiva. Al respecto de su pregunta, debo ser claro en mi respuesta, ya que noto vuestra ansiedad, si me es permitida la expresión, por conocer en qué consiste el juego de la quiniela.
En primer lugar, debemos ubicarnos estratégicamente, para no ser sorprendidos por interferencia alguna en nuestra conversación, pues quiero ser claro en mi exposición, con el fin de no hacernos perder el tiempo con interrupción alguna, de oficial ni de suboficial de mi regimiento.
En segundo lugar, voy a exponer al Sr. Monseñor en qué consiste ese juego, la quiniela, que si bien es reconocido como de azar, está considerado inofensivo para aquellos que en él participan, ya que se basa en sorteos, como ocurre muchas veces en las Fuerzas Armadas. Por ejemplo, hasta poco se utilizaban para organizar a los reclutas, y separarlos por fuerza entre ejército, marina y aeronáutica. Los números bajos eran considerados descartables, así como los inútiles para todo servicio por sufrir alguna imperfección física o mental. Las Fuerzas Armadas, como armadas que son, necesitan de hombres fuertes y valerosos, dispuestos a servir a la Patria por encima de todo otro sentimiento y poseer una rectitud, honradez , subordinación, valor, y autodisciplina que los hagan hombres de bien. Que sepan obedecer las órdenes que les dan sus superiores, pues redundan en su propio beneficio.
Como consecuencia de estos parámetros no debe dudarse en absoluto de la rectitud de los miembros de las Fuerzas Armadas, tengan el grado o la jerarquía que ostenten no se apartan de la moral más estricta si apuestan a la quiniela alguna suma de dinero, que por supuesto no puede ser impúdicamente exagerada como para que afecten ni su presupuesto familiar, ni a su moral y hombría de bien.
Señor Obispo, con mi informe creo haber sido perfectamente claro respecto de dar satisfacción a su inquisitoria sobre el juego de la quiniela.
Con vuestra aprobación, me permito saludar a Vd. con un fuerte ¡VIVA LA PATRIA!
Siempre a sus órdenes: General de División Augusto Guerrero, comandante de la 49ª Región Militar
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