Diálogo

– Y vos, ¿Cómo te llamás?
– Kevin, pero me dicen “mingo”.
– ¡Mingo! ¿Por qué mingo, si te llamás Kevin?
– Porque sí, mingo.
– ¿Dónde vivís?
– Aquí en la villa.
– ¿Cuántos años tenés?
– Palito.
– ¿Palito?
– Bueno, once.
– ¿Y qué hacés por aquí?
– Ayudo.
– Ayudás, ¿a quién?
– Bueno, a veces al carnicero, y cuando corta la 49 me da un poco, y se la traigo a mi cincuenta y dos
– ¿Cómo? ¿Qué dijiste?
– Que cuando corta la carne me regala un poco, y se la traigo a mi vieja.
– ¡Ahh!. ¿Yvas a la escuela?
– Si, cuando no están de paro.
– ¿Y qué más haces, no andarás vagando por ahí?
– ¡Nooo! Yo cuido a mi abuela, la acompaño al setenta y tres.
– ¿Setenta y tres? ¿Qué es eso?
– El hospital. Ahí la ve el 92, y le cura las 77.
– No entiendo lo que me decís.
– Digo que la ve el médico, y le cura las piernas, que no puede caminar.
– Ahh…
– Y tu mamá, ¿De qué trabaja?
– Es 78, digo 98…
– ¿Cómo cómo?… ¡Qué…!
– Es que me dijo que no diga que era 78 sino 98…
– Vamos por partes. ¿Qué es 98?
– Lavandera. Es lavandera.
– ¿Y 78?
– 78 es… es…
– ¿Es…?
– 78 es ramera.
– Ahá.
– Y… hay que comer, señorita. Hay que ganarse el 50. El pan.
– ¿Tenés hermanitos?
– No, bueno, tenia una hermanita, pero se murió.
– ¿De qué murió? ¿Qué edad tenía?
– Era bebé. Se cayó debajo de la cama. No había nadie en casa. Cuando una vecina fue a ver si todo estaba bien, la encontró muerta en un charquito que siempre se forma debajo de donde duerme papá. Y justo hay ahí un hormiguero. Se la comieron las hormigas. Capaz que se ahogó primero, por eso no lloró, digo yo. 58, se ahogó.
– Ahá. ¿Y cuando volvieron tus padres? ¿Qué pasó?
– No, mi papá viene cada tanto. Mi mamá es la que se dio cuenta. Le dijo a la vecina que no dijera nada, la envolvió en un plástico y la tiró en un contenedor que hay afuera, en la calle. No pasó nada. Menos mal. Menos bocas pa’alimentar, dijo.
– Pero, ¿tu padre trae dinero a la casa?
– Bueno, poco. Creo que más deja en lo de la otra señora, que es la puntera.
– ¿Puntera? ¿Cómo?¿Qué…?
– Si, la que nos trae la asignación por hijo, la de Jefes y Jefas, la que cada tanto cobra la quiniela que gana…
– No entiendo nada. ¿Esa mujer les trae dinero a ustedes?
– A veces…
– ¿Tenés hambre ahora? ¿Qué te gustaría comer?
– Un vaso grande de 10 con 50 y 36
– ¿Otra vez con adivinanzas? ¡Hablá claro, caracho!
– Bueno, leche, con pan y manteca.
– Ahora vamos al café de la esquina, y te lo convido. Pero hay dos cosas que desde hoy quiero que me digas, y no me has contestado.
– Dale.
– Primero: ¿Por qué hablás así, poniendo números en vez de palabras?
– Porque quiero ser como mi papá. Lo admiro mucho. Para mí, mi viejo es un superhéroe.
– La segunda pregunta: ¿En qué trabaja tu papá?
– Es levantador de quiniela. Levanta para el comisario de la 47. Pero no diga nada. Hay que decir que es electricista…

PALERMO, 29 de enero de 2019. Todo a la cabeza.