CUÁL ES MI NOMBRE

       Soy una entidad especial. Me atan al carro de todos los vencedores. Me hacen figurar reemplazando a los méritos de quienes verdaderamente valen, me llevan de aquí para allá, diciendo que soy buena, que soy mala; yo soy como soy, al igual que mi hermano el azar. No tengo culpa, no tengo orgullo, casi ni existo, pero la gente me manosea, estoy en boca de todos, soy los números de la quiniela, soy las diversas ubicaciones de los caballos en el hipódromo, estoy de parte de todos los deportistas, de los lances de esgrima, de la tauromaquia, a veces el entusiasmo del que gana me menciona con humildad, y la tristeza del que pierde me maldice, me insulta, me dice perra, etc. Sin embargo yo voy donde me llevan, ya he dicho que soy hermana del azar. El hombre cree que soy responsable de todo lo que ocurre; no señor, no es así. El responsable es el hombre. La mayoría de las veces que se me asigna carácter de maldad es a causa del hombre que hace mal las cosas. El hombre es el gran responsable. Lo que sucede es que mencionándome se quita la responsabilidad de encima, sintiendo el gran alivio de ser irresponsable, que la irresponsabilidad es una cualidad o característica del hombre que en realidad le sirve para achacar a los demás, y que nunca admite para sí. Además, pocos me llaman por mi verdadero nombre. Muchos me llaman “Casualidad”. Pero todos sabemos que la casualidad no es mi función. Porque toda casualidad tiene o parece tener una causalidad. Véanse si no es así las “casualidades significativas” a que se refiere el filósofo/psicólogo Carl G. Jung. Es como cuando quien al enterarse de que alguien ha sido castigado opina “algo habrá hecho”. De paso, quien así opina se quita absolutamente la responsabilidad de haber opinado. En una palabra yo soy absolutamente contraria por naturaleza, por mi propia esencia, a la responsabilidad. No entra en mi vocabulario ni en mis conceptos, por lo que a menudo se me tilda de “loca”, sobre todo cuando beneficio, sin querer, a alguien. En realidad yo nunca “quiero”. Yo no dispongo. Ya he dicho al principio – y repetido infinidad de veces- que soy constantemente manoseada y usada por el hombre para quitarse de encima toda responsabilidad. Lo que sucede es que no existo. Pero el hombre insiste en nombrarme, en agregarme calificativos para elogiarme, o para denigrarme, según su propia conveniencia. También me llaman “lance”. Me culpan de los fracasos en la vida, de las malas elecciones, del destino de los países, de las empresas, de las familias y de las personas. El destino es un hijo que tengo, que tiene la característica de ser irremediable. De muy rara vez cambiar su ruta, y si lo hace todos me achacan a mí si va hacia el éxito o al fracaso. Yo, en realidad poco o nada tengo que ver, y hasta les he dicho a ustedes mis lectores – con toda franqueza – que creo que no existo.

Pero indudablemente debo existir como razón principal de la mayoría de las acciones humanas. Para los triunfos, para los fracasos. Rara vez no tengo que cargar con la culpa de todos, porque lo que para unos es justo para otro es injusto, cuando hay un vencedor siempre hay alguien que pierde, cuando no anda cerca mi principal enemigo que es el Equilibrio, corro el mayor de los riesgos, el de morir de verdad. Pero qué le vamos a hacer: Loca, increíble, buena, mala o perra soy yo. Soy la Suerte.

PALERMO, 22 de octubre de 2019