A Quiniela, Desde La Lucha por la Vida

 

El hombre que juega es el hombre que está vivo, el hombre que vive. Es lo que hay de dinámico en su esencia. El movimiento. La conversión del impulso en idea, la idea en acto; puede decirse que jugar es vivir. Es convertir lo esencial-estático, lo inmediatamente anterior a la creación, a lo esencial-dinámico, la creación misma. De la nada al Ser. De la inteligencia a la voluntad. Por lo tanto, el hombre juega desde que es. Y jugar no significa simplemente distraer espacio y tiempo en entretenimiento; Jugar significa hacer.
Y lo primero que hace el hombre es luchar, para mantenerse vivo. Luchar contra la misma naturaleza, contra el frío, contra el calor, contra el hambre y la sed. Y por supuesto, contra los otros seres vivos, incluso de su propia especie, que quieran eliminarlo para subsistir ellos mismos, ya que todo es movimiento, todo es camino y sujeto a las mismas reglas. Te mato para que no me mates y me comas; te mato para comerte… Te mato para robarte algo que estás por comer… para llegar primero a dónde está la comida que ambos hemos visto.
Y con ese esquema, con esas reglas, los tiempos han ido cambiando, han variado las culturas, el hombre se ha ido “civilizando”, esto es, cambiando las costumbres y modalidades, pero el fondo es el mismo. La lucha ha ido tomando distintos caminos, guerras, deportes, competencia… Las mismas culturas han ido modificando su base ética, “si haces algo bueno, sin matar, vas a ir al cielo; si llegas antes a la meta tendrás un muslo de ciervo, o quizás una copa de oro”, poco a poco la lucha por la supervivencia ha derivado en la lucha por ser mejor que el otro, por merecer lo que el mismo hombre ha fijado como algo bueno, algo provechoso. El darse mutuamente palos, ha derivado en el box, pasando por el singular combate muchas veces mortal de la edad media. Y el Juicio de Dios, por el premio a nivel económico, en el sentido más amplio de la palabra.
Compulsa, contienda, competencia, significa, finalmente juego. No sólo el hombre juega. El gato lo hace con el ratón, los delfines saltan en el mar, los cachorros del león juegan. Es el entrenamiento para la caza, para la lucha por la existencia. Al hombre le gusta ganar. Ser el mejor. Ser el que vence. Vencer en una batalla, en un duelo, es vencer a la muerte, que es vencer a la suerte. Es asumir y disfrutar el riesgo; le gusta pensar que si no gana corre peligro de perder, que es peligro de morir.
Pero el hombre ha descubierto otra manera de jugar, cambiando el esfuerzo físico de la lucha o el intelectual de la habilidad por el placer de dejar que la suerte actúe por su cuenta eximiéndolo de toda responsabilidad, que es algo que tiene su origen en el Juicio de Dios de la Edad Media. Los juegos de azar. Y entre ellos, está la QUINIELA.
La Quiniela es un juego bancado; es decir que no tiene premios. El monto a cobrar por el que gana es directamente proporcional a la apuesta del que propone la jugada. Es decir que, partiendo de la base de que – por ejemplo, en nuestro país – Por cada peso jugado a la cabeza la quiniela paga 70, entonces, por cada 10 pagará 700, y por cada 100, siete mil. Esto es, jugando a las dos cifras. Si es a las tres, o cuatro, que es hasta lo que se puede normalmente apostar, tienen otros valores. Se juega “a la cabeza”, o sea a las dos, tres, o cuatro cifras del número ganador. Se puede jugar “a los diez, o veinte premios”, en esos casos la cifra que se apuesta se divide, y el monto del premio es la décima o vigésima parte del premio jugado. Se puede apostar a la cabeza y a los premios en la misma jugada, especificándolo en la boleta. También se puede jugar “redoblona”, o sea en caso de acertar a la cabeza, el premio íntegro jugarlo a los diez o veinte premios, obteniendo una recompensa proporcionalmente mayor. En nuestro país la quiniela se juega en base al sorteo de una determinada lotería, generalmente de cada provincia. Además, en distintas bandas horarias. Se puede jugar, por ejemplo, a la “Primera”, a la “Matutina”, a la “Vespertina” o a la “Nocturna”, cada una en su horario. Por supuesto que se pueden hacer apuestas a todas, o las que uno desee, simultáneamente, en cuanto a horario, y tipo de jugada.
La Quiniela se diferencia de la Tómbola, en que esta última es como una rifa, es decir, que se emiten – por ejemplo – diez mil billetes, con numeración del 0000 al 9999, y se sortea por medio de un bolillero, adjudicándosele el primero, segundo, tercer premio etc., a medida de que vayan “saliendo”, hasta que se haya establecido. También se le llama tómbola al Bingo, o Lotería de cartones, que se juega generalmente en el hogar, o en clubes, o en algunas salas de juego dedicadas específicamente a ese sistema de apuestas. El apostador “compra” un cartón, o varios, los que llevan determinado número de casilleros con números ubicados al azar. Quien comanda el juego, va “cantando” los números que van saliendo del bolillero, y gana quien primero ha llenado su cartón, o una línea, o una diagonal, o una columna, o según se haya establecido. Ninguna de esas modalidades es en realidad quiniela.